martes, 25 de marzo de 2008

VANTAGE POINT




Típica película pochoclera

Los conflictos bélicos que mantiene en estado de alerta a gobierno y población de los Estados Unidos, son sistemáticamente trasladados al cine desde muy disímiles propuestas. La última variante es: Puntos de vista (Vantage Point), cuya traducción original sería Posición ventajosa, en donde se narra desde la mirada de varios testigos, involucrados en la acción, el secuestro y muerte del presidente del país más poderoso.

Pete Travis es un realizador que proviene de la televisión y la dirección de sus variados programas así lo demuestran (Omagh (2004) (TV), Henry VIII (2003) (TV), "The Jury" (2002), "Other People's Children" (2000) TV series (unknown episodes), "Cold Feet" (2 episodes, 1999), Life, Love & Everything Else (South Africa: English title) - Episode 2.6 (1999) TV episode - Episode 2.5 (1999) TV episode). Puntos de vista es su primer largometraje y en él ha volcado toda su experiencia televisiva. De tal modo que ha recreado ese formato en su película y las secuencias se transforman en episodios, y los puntos de vista, que se muestran, se asemejan a pequeñas capsulas de un programa informativo. El guionista Barry L. Levy, proviene del área de la producción (Kung Fu, Black Irish, Zolar (TV), y “Vantage Point” es su primer guión.

Director y guionista son dos debutantes en el territorio del largometraje y eso es lo que el espectador apreciará, ya que la propuesta adolece de estructura y consistencia. Casi todas las críticas han coincidido en que se quiso emular el filme "Rashomon", la influyente película del maestro Akira Kurosawa, pero creemos que sus creadores si recibieron alguna influencia son más bien del cine B americano. En “Rashomon” hay cinco versiones de la misma anécdota, pero el punto de vista más importante pertenece a Kurosawa, es decir el cineasta posee una posición ventajosa y es justo esa la falla de esta propuesta.

¿Justifica el proyecto el espectacular despliegue de trucos, carreras y efectos especiales para contar esta historia? , es obvio que no. Pero como en los últimos años se ha puesto de moda la utilización de esquemas no lineales en la mayoría de las producciones independientes, es posible que guionista y director hayan pensado que esa línea los proyectaría a ser candidateados a algún premio académico. Lo peor es que Pete Travis en su necesidad de ser efectista, en las escenas de acción cae en la vulgar e irrisoria imitación de Paul Greengrass (“El mito de Bourne” y “El ultimátum de Bourne"). Mientras que el compositor Atli Örvarsson tampoco ayuda a equilibrar los despropósitos del realizador, ya que no consigue crear un sonido armónico, sino ruidosas musicalidades, para acompañar el desarrollo del filme.

Las interesantes ideas del director, que por momentos las tiene, se pierden en un fárrago de imágenes que se superponen unas con otras y saturan al espectador hasta el hartazgo con sucesivos “flash back”. El filme se inicia con la llegada del presiente de los Estados Unidos a una conferencia internacional sobre la paz y en contra del terrorismo, el punto de reunión y comienzo de la acción es la Plaza Mayor de Salamanca (muy bien recreada en el Estado de Puebla- México).

Durante la cumbre en la que la mayoría de los presidentes, jeques o emires del mundo se reúnen para unificar criterios a fin de solucionar el flagelo de la lacra terrorista, el presidente de los Estados Unidos (Willam Hurt) es alcanzado por un francotirador y el podio estalla de un bombazo en mil pedazos, con las consecuentes carreras de ambulancias, patrullas y gente. A partir de allí la cámara se internará en el trágico acontecimiento desde la mirada de los implicados en el hecho: dos agentes del Servicio Secreto Dennis Quaid y Matthew Fox, el infaltable turista (no japonés) con su cámara fotográfica Forest Whitaker, un pseudo policía local, Eduardo Noriega (Lobo), un equipo televisivo encabezado por Sigourney Weaver... ( su actuación se pierde en el fárrago de las escenas y la subtrama que protagoniza no posee final). Es indudable que nunca se sabrá porque figuras como las anteriormente mencionadas, de trayectorias impecables, acompañadas por otras aunque de menor rango igual de efectivas: Richard T. Jones, James LeGros, Zoe Saldana, Bruce McGill o Edgar Ramírez, se hayan prestado a colaborar en una película tan mediocre.

Uno de los mayores problemas de este filme es que es demasiado localista, y en vísperas de elecciones todo vale para mantener aterrado a los americanos que se levantan con miedo y se acuestan con terror. Pero es el típico producto yanqui complaciente, pueril e ideal para pasar una tarde de lluvia comiendo pochoclos.***** Beatriz Iacoviello

(publicada en Elrincón del cinéfilo.com.ar)

lunes, 24 de marzo de 2008

UN FUNERAL CON SABOR A VIEJOS TIEMPOS


Frank Oz, con una amplia trayectoria como marionetista de varias series televisivas entre ellas Sesame Street (1969-2007), Muppets Treasure Island (voz de Miss Piggy, Fozzie Bear), pero especialmente el actor que le diera la voz a Yoda en la trilogía de Star Wars, además de trabajar en Blues Brothers (2000) y ser uno de los mejores colaboradores Jim Henson, filmó una serie de comedias de típico humor inglés con mediana recepción dentro del público hispanoamericano.

Entre sus comedias más celebradas se encuentran: In & Out (1997), Little Shop of Horror (1986), Wat About Bob? (1991), Bowfinger (El profesor chiflado -1999), The Score (2001), The Stepford Wives (2004), pero la que sin dudas le dará buenos dividendos en la taquilla será Muerte en un funeral (Death at a Funeral, Gran Bretaña-EE.UU./2007).

Frank Oz regresa a las pantallas mundiales luego de tres años de ausencia y sin grandes estridencias, de modo discreto, pero efectivo. Muerte en un funeral es una de esas comedias en la que el público puede reírse de principio a fin en un casi tiempo cronológico real (dos horas), y cuya acción transcurre en un solo escenario.

La historia es sencilla un “pater familiae”, uno de esos patriarcas intachables de la sociedad inglesa, con resabios victorianos, ha muerto. Su familia prepara su funeral. Sus hijos Daniel (Matthew Macfadyen -“Orgullo y prejuicio” -2005) y Robert (Rupert Graves -“V de Vendetta”- 2005), son los encargados de organizar los arreglos de la ceremonia. A ésta comienzan a llegar los diferentes protagonistas, personajes cuya excentricidad es una competencia de habilidades histriónicas. En ese duelo no falta nadie: el hipocondríaco, el tímido (Alan Tudyk- 3:10 to Yuma - 2007), los hermanos enfrentados por el éxito, la histérica mujer de uno de ellos, el enamorado despechado (Ewen Bremner . Match Point -2005)), un tío inválido (Peter Vaughan - Brazil - Second Sight: Kingdom of the Blind (2000) (TV), un autoritario, un padre despótico y una hija rebelde (Daisy Donovan -The Waiting Room -2007), como tampoco el inevitable drogadicto (Kris Marshall - The Amazing Trousers -2007).

El espectador asistirá a las presentaciones de cada uno de ellos, en medio de un humor refinado y sutil, pero que a poco de comenzar esa exquisitez se trastoca y da lugar a un humor más revulsivo y soez, pero también más divertido. Finalmente el solemne funeral, del inicio del filme, acabará por convertirse en un caos tragicómico donde no faltarán elementos tan alucinantes como un enano drogado ( Peter Dinklage -Nip/Tuck- Ascension Day (2007) metido en el ataúd encima del muerto, como también en ese desfile de desvaríos aparecerán algunos personajes desnudos, un presbítero acorralado por el tiempo (Thomas Wheatley -Second Sight: Kingdom of the Blind -2000- (TV), y una inconsolable viuda (Jane Asher (“Tirant lo Blanc” – 2006).

Desde la primera escena se sabe que nada saldrá bien en ese funeral. El muerto que llega a la casa no es el que corresponde, y a partir de allí todo será una sucesión de gags entre los que se incluye uno lo suficientemente escatológico como para provocar gracia y repulsa al mismo tiempo. Si bien Oz no recurre a fórmulas fáciles para provocar la risa, su éxito radica en el constante progreso de la acción y en el tono farsesco que imprimió a su realización.

Muerte en un funeral es una película con un gran derroche de talentos desde el magnífico guión de Dean Craig (Caffeine -2006, Lift -2004, Dirty Little Secrets -2003), y un elenco buscado especialmente, ya que casi todos trabajaron de un modo u otro juntos en diversas series televisivas, por lo tanto se conocen muy bien, tanto que pueden integrarse sin dificultad en esta comedia coral inglesa, que por momentos tiene toques hollywoodenses mixturados con cierta picardía latina.

Comedias que juegan con la muerte no son primicia en las carteleras, pero lo interesante de las mismas es el estilo que impusieron los ingleses, en especial las famosas producciones de la Ealing: Ocho sentencias de muerte (Kind Hearts and Coronets -1949) de Robert Hamer, título que alude a los ocho asesinatos que debe cometer un hombre para acceder a una abultada herencia; El quinteto de la muerte (The Ladykillers -1955) de Alexander MacKendrick, divertida farsa sobre la muerte y ladrones inexpertos que terminan siendo víctimas de su propia impericia.

Hollywood por su parte acerca al público: Arsénico por compasión o Arsénico y encaje antiguo (Arsenic and Old Lace) es una película de 1944 dirigida por Frank Capra, enredada comedia negra en la cual Mortimer Brewster (Cary Grant) es un periodista que descubre que sus dos ancianas tías se dedican a asesinar hombres viejos y enterrarlos en el sótano de la casa.

Monsiuer Verdoux (1947) de Charles Chaplin y libro Orson Welles, basada en un hecho real. Verdoux es un Barba Azul, un insignificante empleado de banco que, habiendo perdido su empleo durante la depresión, idea un plan para casarse con solteronas viejas y asesinarlas luego a fin de quedarse con su dinero.

Tim Barton continuando la línea inglesa presenta varias películas con el tema de la muerte: Beetle Juice (1988) literalmente Jugo de escarabajo, es la historia de un difunto, Michael Keaton, que vive en el "No-Mundo", recreación del mundo real según la visión de los muertos. El gran pez (Big Fish – 2003): Edward Bloom era un hombre que relataba momentos de su vida añadiéndoles características fantásticas. El cadáver de la novia – (Corpse Bride - 2005), animación que relata una leyenda ruso-judía e interrelaciona el mundo de los vivos y muertos con total naturalidad.

La muerte les sienta bien (Death Becomes Her-1992) de Robert Zemeckis, trata de dos mujeres que pactan con el diablo que posee cuerpo de mujer y cuando ambas se vuelven inmortales se dan cuenta de que su vida ya no será la misma.

Despertando a Ned (Waking Ned Devine - 1998) de Kirk Jones, donde hay que desenterrar un cadáver para conseguir el billete ganador de la lotería.

Bailando en el cementerio o Funerarias S.A. (Plots with a view -2002) de Nick Hurran es un filme ingenioso sobre la apacible vida en un pequeño pueblo inglés donde rivalizan dos funerarias muy especiales.

Muerte en un funeral retoma todas estas líneas anteriormente mencionadas, (prueba de ello son los títulos de apertura del film que evocan ciertas producciones de los años ochenta) para hacer un cóctel satírico de explosiva hilaridad con un discurso final que hará reflexionar al espectador sobre la realidad circundante. Frank Oz una vez más desde la risa se permite realizar un acertado e irreprochable friso sobre la conducta humana y mostrar que lo más temido en esta vida: la muerte, puede resultar una transición divertida.******* Beatriz Iacoviello

Alegoría sobre una princesa del siglo XX

No siempre las segundas partes fueron buenas y Elizabeth, la edad de oro (Elizabeth: The Golden Age, Reino Unido-2007), no es la excepción. Su director, Shekhar Kapur , nacido en Punjab –India, hoy en poder de Paquistán , que había realizado la primera versión de Elizabeth, la reina virgen (Elizabeth, The Virgin Queen - 1998) y tiene en su haber más de una docena de trabajos como actor, unas cuantas producciones y una casi diez películas filmadas entre India y el Reino Unido entre las que se encuentran: La máquina del tiempo (Time machine- 1992), Bandit Queen (La reina bandida) (1994), Las cuatro plumas (The Four Feathers (2002), no logra alcanzar en esta producción el brillo y fuerza de la primera.
El guionista William Nicholson (Gladiator) se unió a este segundo proyecto, Elizabeth: La edad de oro, junto a Michael Hirst y Kapur para dar más resplandor a las escenas de acción. Si bien en Elizabeth, la edad de oro hay vaguedades históricas, lo que sí consiguió el realizador fue recrear con gran fidelidad el estilo de vida y el vestuario de la época (no en vano ganó un Oscar® en este rubro). En ese sentido se sustituyó el realismo histórico por pura estética postmodernista de alta costura (de hecho el vestuario es de Balenciaga, las joyas están diseñadas por Erickson Beaumont de Belgravia y los sombreros por el sombrerero de Dior, Stephen Jones). Si buscamos los cuadros de Elizabeth I veremos que Cate Banchett , además de parecérsele bastante, luce trajes más o menos idénticos a la imagen de su antecesora real, que durante la famosa batalla contra la Armada Invencible (1588) tenía 55años.


Retrato de Isabel I (de autor anónimo, hacia 1589), conmemorando la derrota de la armada española (representada en el fondo). Obsérvese el globo terráqueo bajo la mano derecha de la reina, símbolo de su poder mundial















En esta recreación histórica Elizabeth I debe enfrentarse a la traición en el seno de su familia y a sangrientas tentativas de apoderarse de su trono. Elizabeth I es consciente del cambio religioso iniciado en el siglo XVI en Europa, y de la alianza del poderoso rey español Felipe II con su prima María Estuardo, reina de Escocia, para restaurar el catolicismo en Inglaterra.


Más allá de las múltiples y variadas imprecisio
nes sobre los hechos históricos que posee el filme, consideramos que estos llevan a otra lectura de la realidad mucho más cercana al siglo XX.

A veces para contar la historia actual hay que remitirse a siglos anteriores y creemos que en esta versión lo que se cuenta es la muerte de la princesa Diana, que como María Estuardo (a su modo) habría conspirado contra la corona. Los métodos de cortar cabezas ya no existen, pero siempre hay un modo de realizar un castigo ejemplar y sesgar la vida de alguien. Accidente o no, la muerte de la “Reina de Corazones” será un misterio muy difícil de dilucidar.

Lady Di, a semejanza de María Estuardo, mantenía relaciones con personajes equivocados y éstos aparentemente eran amenaza latente para la corona. La primera se conecta con los árabes y la segunda con los españoles. En ambos casos culturas distintas, religiones diferentes, y siempre un mismo loco afán: la venganza.

La excelente fotografía del buen artesano Remi Adefarasin ( Scoop, Match Point, Emma, u Onegin) crea los climas y el ritmo necesario para por lo menos entretener durante gran parte de la película. Y con pocos recursos conseguir que la batalla contra la Armada Invencible de Felipe II parezca devastadora. Trabajada en elipsis y metáforas el espectador verá el derrumbe un reino con dos simples imágenes: la de tigre del mascarón de proa de la nave de la reina incrustarse en un barco insignia español, y la toma desde el abajo del agua de la panza de un caballo pataleando para sobrevivir. Luego muchas tomas con cámaras girando a 360°, que dará sensación de vértigo y frenesí en la lucha.


En el terreno de las alegorías Kapur recurre a iconografías de la saga artúrica en la que Elizabeth se yergue a un mismo tiempo en Arturo – con su coraza de guerra y su arenga a los soldados – a Ginebra en la contemplación de la victoria, cabello suelto, descalza y en camisón, y fundamentalmente a Epona, la diosa celta de los caballos, de la fertilidad y de la naturaleza, asociada con el agua, la curación y la muerte indistintamente, comparable a, Cibeles. También a la iluminación juega un rol importante en ese terreno mientras el discurso de Felipe II sostiene que el catolicismo es la luz del mundo e Inglaterra la oscuridad, se muestra al universo católico con un predomino de vestimentas y ambientes oscuros y negros, frente a la colorida, luminosa y cálida corte isabelina.



En esta segunda parte de Elizabeth, (la primera (1998) confirió prestigio y un Oscar® a Cate Blanchett), se enfatiza la riqueza del personaje protagónico, y logra que su humanidad prive por sobre el fastuoso contexto que la rodea. Mujer masacrada por los odios y la divinización, vehemente, exaltada, sin tapujos ni máscaras y mucho menos de protocolos, en una composición exquisita que comienza en el guión (para ser precisos comienza en el guión de la original y se ahonda en esta secuela), en la cual Blanchett, alcanza el máximo de su nivel interpretativo. La espléndida ambientación del siglo XVI, no en vano llamado el Siglo de Oro por los españoles, época de Shakespeare y Cervantes, permite ingresar en los acontecimientos históricos, con coherencia y sin moralismo. Poco importan las licencias o recreaciones narrativas que se toman al describir estos acontecimientos, en pos de un mayor efecto dramático, lo que consigue el realizador es crear una atmósfera de intriga y suspenso en la que siempre se verá a los personajes al filo de sus acciones. Clive Owen, como Sir Walter Raleigh, le otorga un cierto “savoir faire” a un personaje que equilibra la trama, y permite hacer surgir a la el lado oscuro de la reina en un triangulo amoroso en que se destaca la belleza de Abbie Cornish como Elizabeth Throckmorton. Quien sin lugar a dudas mantiene su excelencia y capacidad de recrearse a sí mismo en cada filme es Geoffrey Rush, al interpretar de modo impecable una figura clave en la realidad y la ficción: Sir Francis Walsingham


El grupo de los malos que son la contrapartida de esta épica realización, son integristas religiosos que atacan desde dos flancos uno interior –María Estuardo - una Samantha Morton, contenida y convincente en su ancestral odio hacia su monárquica rival – y otro del exterior –Felipe II -, un Jordi Mollà que a pesar de interpretar un estereotipado rey español, logra por momentos convencer de sus ideales religiosos. Dentro de la estructura de los villanos aparece la pequeña infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe (Aimee King), como una niña diabólica, que se pasea con una especie de muñeco de vudú de la reina Elizabeth. Y no falta en este friso de réprobos personajes el terrible jesuita católico (Rhys Ifans) un conspirador profesional.

La música de Craig Armstrong (Baz Luhrmann- Romeo + Julieta (1996), Moulin Rouge,( 2001) da ciertos toques de vanguardismo al corte épico de la propuesta de Kapur.

Y a pesar de algunos errores Elizabeth, la edad de oro es un buen relato histórico, con intrigas palaciegas, peripecias emocionales y dudas amorosas de esta superlativa diosa-madre de su pueblo- reina del mito histórico que también oscila entre la realidad y la ficción.********* Beatriz Iacoviello





Critica publicada: El rincón del cinefilo.com.ar

























































































































































































































































jueves, 28 de febrero de 2008

La leyenda del perro amarillo



La cueva de la ilusión

Realizada por Byambasurem Davaa, directora de origen mongol radicada en Alemania, La leyenda del perro amarillo, es una fresca y deliciosa película que a la vez podría ser un excelente documental sobre una forma de vida en los grandes valles de la región de Altai, Mongolia. Después de haber filmado La historia del camello que llora, esta directora de 36 años presenta su último proyecto. Candidata al Oscar como mejor película de habla extranjera, La leyenda del perro amarillo es otra joya visualmente extraordinaria que revela su exquisitez artística y su visión del universo mongol.

Todo el mundo muere pero nadie está muerto, esto es lo que creen los Batchulum, una familia nómada compuesta del padre, la madre y tres hijos. Dos mujeres y pequeño muy travieso. La historia se centra en Nansal, la hija mayor, y Zochor, un cachorro, que encuentra en una cueva y su padre le prohíbe quedárselo por un arcano y real miedo relacionado con los lobos. No bien comienza el filme las cabras y ovejas de su corral son atacados por una manada de estos sanguinarios animales.

Este es el punto de partida para observar la vida tierna, sencilla, que destila paz, cuyos protagonistas son auténticos aldeanos, que viven en una casa redonda de pieles, desmontable y lista para adaptarse a todo tipo de terreno. Pasar el invierno en una parte de los valles y el verano en otra, es moneda corriente en este prototipo de familia.

Pero lo que mas caracteriza a esta película es la inmensidad, que según Gastón Bachelard es una categoría filosófica del ensueño y a la vez nuestra la propia intimidad. En esa vastedad todo es posible y la imaginación más productiva. Allí las leyendas y la tradición oral son la base de la educación. Nansal conoce “la leyenda de la cueva del perro amarillo” por el relato de una anciana sabia, del mismo modo como la propia directora lo recibió de su madre. Los niños en ese mundo mongol son educados en la tradición, la leyenda y la costumbre, en la creencia de la reencarnación, en Buda (una de las secuencias más deliciosas alude a esa creencia, cuando la hermanita le dije al pequeño que toma un Buda Sonriente: “Con Buda no se juega”), en la cultura del trabajo como forma de subsistencia, se les enseña a ser independientes siendo y atrevidos, aunque corran muchos peligros en la montaña, Por la situación global la campiña en casi todo el planeta va despoblándose. En este valle, las imágenes de modo muy velado muestran que, cada vez hay menos nómadas y resulta difícil contar con la propia protección y entre ellos mismos. Así que lejos de una sublimar el locus amoenus, ese bucólico lugar, paradisíaco y metafórico de la infancia que nunca se pierde, el filme esboza el conflicto entre dos tipos de sociedades la rural y la de la ciudad. Eso lo señala con la partida del padre en una moto y en final cuando pasa un camión parlante recordando que deben ir a votar. En cierto modo se plantea el problema de sobrevivir en la soledad del medio rural o ir a trabajar a una fábrica. Lo que no se cuestiona son los estudios y a pesar de no ser adinerados la familia envía a Nansal a la escuela.


El dispositivo fílmico es un alarde de técnica y austeridad. No hay planos gratuitos, la cámara está siempre en el lugar preciso, con un casi un único movimiento, exceptuando panorámicas y la steady, una grúa ascendente en el momento en que la madre parte a buscar a la niña y la veleta gira a toda velocidad. En las composición de las secuencias dominan los planos fijos, reposados, también planos generales muy abiertos de predominancia azul y verde y, por otro lado, momentos anaranjados del calor del hogar en los que la cámara discurre calma y se cierra en primeros planos que parecen diluirse de una forma mágica, como en el momento en que la abuela cuenta a Nansal la historia del perro, De igual forma hay una gran combinación entre un montaje sosegado y un montaje mucho más vertiginoso que permite crear la tensión en momentos determinantes: como por ejemplo el montaje paralelo entre el padre al galope y el niño acercándose a los buitres, el perro desatándose de la correa y corriendo hacia el niño a la vez que espanta a las aves. La banda de sonido es otra exhibición de preciosismo a través de la combinación e interrelación de las canciones tradicionales con el silencio, y la voz de la naturaleza proporcionando al conjunto exquisitas atmósferas.

Con un ritmo y tempo budista, casi de meditación, sin que por ello obligue al espectador a caer en el aburrimiento La leyenda del perro amarillo es una película hecha con gran oficio, cuyos encuadres parecen pinturas de los pintores franceses, Corot, Manet, Monet, Pisarro y el belga Marten Melsen, que buscaban una forma de representar a la naturaleza que no incluyera los ideales académicos clasicistas ni el frenético sentimiento romántico. A la manera de esos pintores Byambasurem Davaa dibujó la vida diaria de los campesinos mongoles, cruda, incultivada y primitiva, Capturando la vitalidad en escenas de trabajo y en momentos de recreación en los juegos de los niños.

En síntesis si el espectador desea disfrutar de una película hecha con inteligencia, buen gusto y refinada sensibilidad La leyenda del perro amarillo puede satisfacer esa necesidad, a la vez que le permitirá conocer otra cultura tan distante a la suya, en la cual el aire se convierte en un suave velo, y la luz colma toda la imagen Beatriz Iacoviello

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La última hora



ATAQUE A LA CONCIENCIA, VERDES EN ACCIÓN


A pesar de los continuos intentos de la prensa, el cine, las Naciones Unidas, y la población mundial, para concienciar a los gobernantes del planeta, sobre los desastres que provocan sus acciones en la tierra, aún no se logró que éstos respondan de manera favorable a los proyectos presentados. El Protocolo de Kioto, durante el 2007, una vez más recibió el carpetazo de las grandes potencias, especialmente la negación de los Estados Unidos de Norteamérica en firmarlo y dejar de emitir gases al espacio. En ese sentido pueden más las grandes industrias, que las solicitudes de millones de ambientalistas, que año tras año y día tras día, reclaman por bajar los niveles de contaminación. Lo que en algún momento sentirán esas empresas, países y gobiernos, es que cuando todo se derrumbe ellos también caerán al precipicio.

La última hora (The 11th Hour), es una película que retoma los reclamos de los verdes y trata de marcar la diferencia con otras que se realizaron sobre el tema. Escrita y dirigida por las hermanas Leila Conners Petersen y Nadia Conners, narrada por Leonardo DiCarpio, quien también se desempeñó como uno de los productores y colaboró en el armado del guión, , busca profundizar sobre los desastres naturales y mostrarlos a través de la mirada de varios científicos que desde su enfoque predicen un futuro poco alentador. El problema visto desde esa óptica es abrumante, literalmente lo que el espectador ve es un mundo enfermo, contaminado con vertederos de agua cargadas con desechos, petróleo y químicos, catástrofes climáticas, polución, erupciones de volcanes, terremotos, maremotos, etcétera, que a través de los reiterados flash de la película funcionan como pruebas condenatorias.

La última hora es un filme estructurado como un documento de tesis, se abre con una introducción que presenta el caso, centra su atención en el análisis y concluye con el suficiente grado de optimismo como para que todos salgan del cine dispuestos a emprender una cruzada contra gobiernos y empresarios contaminadores.

No importa que tan bien intencionada esté la película, lo que provoca en el espectador es fatiga en su atención por la cantidad de personajes y hechos que desfilan sobre una historia contada sin ritmo y de modo didáctico. En realidad las hermanas Conners no son demasiado realistas al pretender colocar en la pantalla toda la información producto de su investigación, y caen en el error de ser demasiado discursivas con lo expuesto, ya que uno tras otro desfilan decenas de científicos, garúes, políticos, un joven investigador sobre los efectos de la mezcalina (los hongos de Las enseñanzas de Don Juan), el ex director de la CIA, R. James Woolsey, los expertos en diseño verde William McDonough, y especialmente hace hincapié en el alegato del físico Stephen Hawking y el ex dirigente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, sin olvidar a Al Gore. No olvidaron en la lista al huracán Katrina, el asma, el SIDA, las enfermedades endémicas y la sorprendente noticia de la oceanógrafa Sylvia Earle que aseguró que "hemos perdido 90 por ciento de la mayoría de los grandes peces en el mar.”

Desde otra visión pero con la misma intención de alertar a la población sobre los siniestros ecológicos apareció, hace ya más de 20 años, como primera intención de alerta un verdadero modelo visual – estructural, Koyaanisqatsi. Éste filme es la primera parte de la trilogía de llamada "Qatsi" del director Godfrey Reggio (Koyaanisqatsi: Life out of balance (1983) Powaqqatsi: Life in transformation (1988) Naqoyqatsi: Life as war (2002) ). Se trata de un documental en el que se muestran imágenes de gran impacto emocional sobre el efecto destructivo del mundo moderno en el medio ambiente. Estas imágenes van acompañadas por música compuesta por el minimalista Philip Glass. El nombre de la película significa "Vida fuera de equilibrio" en la lengua india Hopi.

El sentido ecológico propiamente dicho se vio en la cinta dirigida por Davis Guggenheim, Una verdad incómoda (2006) (An inconvenient truth, ganadora del Oscar de ese año), un documental sobre el cambio climático que desarrolla la problemática del calentamiento global a través de una exposición multimedia que Al Gore fue llevando a cabo a lo largo de varios años en el marco de una campaña de educación medioambiental. Otros títulos se agregaron a la lista de filmes ecológicos como Arctic Tale, y la recientemente estrenada Cambio Climático: el reto continúa.

Por otra parte existen en el amplio panorama del cine documental varios intentos de advertir sobre lo que ocurre en nuestra casa, la tierra, a causa de las guerras y los fabricantes de armas. Uno de los más reconocidos es el trabajo de Michael Moore, quien desde su programa de televisión The Awful Truth ('La horrible verdad'). denunció sistemáticamanete los abusos ambientales provocados por su país, y a ha rodado exitosos trabajos como Bowling a for Columbine (por el que ganó un Oscar) Fahrenheit 9/11 y Sicko, o la denuncia de acoso a John Lennon por parte del Gobierno estadounidense, volcada en el documental Los Estados Unidos contra John Lennon, dirigido por David Leaf - John Scheinfeld.

Leonardo DiCarpio, las hermanas Leila Conners Petersen - Nadia Conners y el equipo que las acompañó, se propusieron con este film (muy crítico con la acción devastadora del hombre) unir sus voces al grito universal de “abajo la contaminación” y para ellos buscaron a los más representativos científicos y hombres del planeta para que respalden su aporte. Tal vez para que el público tenga una mayor conciencia del desastre ecológico en el montaje intercalaron imágenes muy terribles de lo que sucede y sucederá al ir paulatinamente calentándose los polos, estallar los volcanes, abrirse la tierra a causa de los terremotos, y demás catástrofes.

La última hora se transforma con sus denuncias en una película que defiende a ultranza el tema de salvar el planeta. Tal vez la respuesta a su llamado la dieron tres de los personajes entrevistados: Wade Davis, antropólogo y etnólogo, conocedor de las culturas primitivas, que declaró que el hombre actual no posee la capacidad de detenerse para reconsiderar la destrucción que genera a su alrededor, un jefe de Hopi que sostuvo que el hombre ha perdido contacto con la naturaleza y no sabe escucharla, y David Suzuki que retrotrae al público a una de las consignas de los 70´: todo lo que necesita el planeta es paz y amor.

Beatriz Iacoviello

miércoles, 27 de febrero de 2008

Petróleo sangriento



Historia de traición, odio y mentiras.


Petróleo sangriento (There Will Be Blood, Estados Unidos/2007). Guión y dirección: Paul Thomas Anderson. Con Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Ciarán Hinds, Dillon Freasier y Kevin J. O Connor. Fotografía: Robert Elswit. Música: Jonny Greenwood. Edición: Dylan Tichenor. Diseño de producción: Jack Fisk. Producción hablada en inglés con subtítulos en castellano y presentada por Disney. Duración: 158 minutos.


El realizador Paul Thomas Anderson con un antecedente de cinco interesantes filmes previos (Cigarettes & Coffee (1993), Sidney (1996), Boogie Nights: Juegos de placer(1997) ; Magnolia (1999) y Punch-Drunk Love, 2002), orada la tierra de California a principios del siglo XX en Petróleo sangriento (There Will Be Blood, Estados Unidos/2007), para hacer estallar en la retina del espectador una cinta sucia, oscura y grasienta como el petróleo que su protagonista rastrea. Anderson toma como base la novela de Upton Sinclair, “Oil”, pero a la vez hace referencias a la novela de Frank Norris, “Mac. Teague” (1899), que en su momento llevó al cine Erich von Stroheim con el título de “Avaricia”, y en algunos tramos a elementos de “El gran Gatsby” de Scott Fitzgerald, dirigida por Elliott Nugent (1949).

Anderson abre su historia en 1898, más cerca de la novela de Norris que de la de Sinclair, que comienza en la primera mitad del siglo XX hasta la Primera Guerra Mundial. Con gran habilidad realizó una adaptación en que mezcla estas novelas y pone de relevancia el denominador común en ellas: avaricia y codicia extrema.

Las primeras imágenes de la película enfocan un páramo yermo y un agujero, profundo, oscuro, en cuyo fondo se ve la masa informe de un extraño espectro que se mueve en las sombras y mudo. Dentro del pozo los picos del hombre producen extraños sonidos, él se aprieta al suelo como una rata que roe la suciedad. Luego de una explosión aparece el sobreviviente con una veta de plata en su mano, de allí en más será: Daniel Plainwiew el codicioso buscador de los tesoros que brinda de modo natural las profundidades de la tierra. La genial fotografía de Robert Elswit traslada, sin dar tregua, al espectador por caminos polvorientos, fatídicos incendios y lagos negros en el cual se reflejan nubes borrosas como funesto presagio de un paraíso perdido.

Durante más de dos horas y media el espectador se internará en una historia que abarca desde finales del siglo XIX hasta la segunda mitad del XX, en la que se cuenta una vida de obstinación, odio, ambición , codicia, hipocresía, obsesiones, mentiras, humillación y venganza, de dos hombres sin principios, que se expresan como dos caras de una misa moneda. Una es la del minero terco y rudo, Daniel Plainwiew, devenido a especulador petrolero que forja su destino en base a la mentira, mezquindad y corrupción, pero que se irá autodestruyendo por la tenebrosidad de su codicia, su falta escrúpulo y de amor al prójimo, pero sobre todo por su soledad que busca mitigar con dólares y whisky. La otra es la de Paul/Eli, un fanático impostor que utiliza la buena fe de sus feligreses en la iglesia de la Tercera Revelación para dominarlos a través de fingidos estados de trance y así obtener suculentas utilidades. Vidas análogas en su acidez e impostura, en su desprecio por el otro y servilismo al dinero, en su posición mezcla de macho cabrío y primitiva ignorancia, sostenidas por una fe inquebrantable hacia sí mismos y el signo pesos.

En lo verbal también persiste la contrapartida entre protagonista y antagonista, con dos tácticas que dejan ver sus posturas cuando se desafían y colisionan. Diálogos escuetos, sólidos y directos descubren la sequedad del personaje de Daniel Day-Lewis, que por otra parte expresa más con los ojos que con las palabras, ya que con su mirada sombría y torva desprecia sin piedad a sus oponentes. A ésta acompaña su andar, torpe y funesto, que no presagia buenas intenciones para con los otros, incluyendo su familia. La actuación de Daniel Day-Lewis es más que excelente y merece un párrafo aparte. Es como sí el actor hubiera tomado cada átomo del personaje para llenarlo con su propia vitalidad, y cuyo resultado es una adecuación interesante en el cual persona-personaje, enajenados, caminaran sobre la invisible frontera que media entre el realismo cinematográfico y el espectáculo teatral. La tensión entre realismo y espectáculo recorre la película y rompe la superficie de la pantalla como una corriente submarina atrayente y peligrosa.

Su rival el reverendo Eli se explaya en farragosas y envolventes homilías y patéticas representaciones. La interpretación de este personaje, que se mueve como una serpiente en desierto, a cargo de Paul Dano pierde su brillo al caer en el estereotipo al componer a un ridículo ¿esquizofrénico? y maniático predicador.

El H.W que continúa con la parquedad de Plainwiew, su padre es quien sostiene la narración a través de un muy buen y dosificado trabajo del niño Dillon Freasier, para poder culminar con un final de fiesta excepcional, en el que no caerán ranas del cielo como en “Magnolia” , pero si habrá un duelo en una sala de juegos muy especial, un bowling, donde hay un solo bolo para ser barrido. La visión apocalíptica de Anderson una vez más se impone al llevar la maldad de sus personajes a un camino sin retorno.

Paul Thomas Anderson es un realizador que sabe cómo mantener atento al espectador al interrumpir el relato convencional para llevarlo al extrañamiento, la incertidumbre y confusión, muy al estilo del cine cuántico que se está manejando en la actualidad. El pensamiento borroso se perfila en la burla y silencio, pero especialmente a través de la minimalista y experimental banda sonora de Jonny Greenwood, guitarrista del grupo Radiohead, perfecta para desdoblar bellas imágenes en nauseabundas iconografías de desnudez narrativa y emocional. También es un realizador que consigue, sin proponerse entrar en el terreno de los western, en un filme anti-western, de extrema fuerza visual y con un duelo final que dejará sin aliento al espectador.

En su mezcla de ensayo sociocultural, cuestionamiento ideológico y visión apocalíptica, Petróleo Sangriento muestra como el sueño se transforma en pesadilla americana, y triunfa arrojando fuego y azufre para demostrar una vez más que el único Dios posible es el dinero, y ante el cual Daniel Plainwiew predica un nuevo Evangelio elíptico y controvertido.

Comparado Paul Thomas Anderson con Stanley Kubrick (Odisea 2001), Orson Wells (Citizen Kane, 1941), George Stevens (Gigante), John Huston (The Treasure of the Sierra Madre, 1948), utiliza los recursos de éstos para desarrollar su película: uso de la profundidad de campo, fotografías en claroscuro y juegos de iluminación, el notable uso de los movimientos cámara, pero sobre todo la mirada dl director como una narrador omnisciente que quiere contar la historia a su manera valiéndose de herramientas del picado y contrapicado, para demostrar que el poder y la ambición no ostentan un solo rostro. Pero toma también de Martin Scorsese sus conceptos de culpa y redención judeo-cristiana, el machismo y la violencia endémica en la sociedad estadounidense.

Es indudable que Petróleo sangriento posee un poco de todo de los magistrales directores, pero es innegable que el acto poético de un realizador no tiene pasado, en este caso las imágenes de Paul Thomas Anderson borran todo pasado para crear su propio universo sincrético. En este filme, inolvidable. Beatriz Iacoviello